Negocios que respiran

#3 - "Necesito claridad" (y el precio de esperar a tenerla)

Yvonne López Balmaña Season 1 Episode 3

Use Left/Right to seek, Home/End to jump to start or end. Hold shift to jump forward or backward.

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En este episodio hablamos de claridad mental, toma de decisiones, estrés, sistema nervioso y negocio.

Si eres empresaria o emprendedora y te cuesta tomar decisiones importantes, tienes ruido mental o sientes que tu negocio no avanza al ritmo que debería, este episodio te va a ayudar a entender por qué pensar más no siempre trae claridad.

Te cuento por qué la claridad se ha convertido en una forma elegante de postergar, del coste real que eso tiene en un negocio y de por qué pensar más no siempre te ayuda a decidir mejor.

En este episodio te cuento:

  • Por qué la claridad no es un requisito para decidir, sino una consecuencia
  • Qué pasa cuando intentas tomar decisiones desde cansancio, presión o ruido mental
  • Por qué el cuerpo influye directamente en tu criterio, tu foco y tu capacidad de dirección
  • Qué tienen en común una conversación incómoda, una etapa de incertidumbre y una decisión difícil
  • Por qué caminar puede ayudarte a salir del bucle cuando seguir sentada delante del ordenador ya no está funcionando


Al final del episodio te presento Paseos de Poder: una herramienta creada para ayudarte a tomar decisiones con más criterio, cuando seguir dándole vueltas ya no está ayudando.


Puedes ver toda la información aquí:
https://yvonnelopezbalmana.com/paseos-de-poder/

Si en estos momentos te agobia la incertidumbre con tu negocio o la toma de decisiones difíciles, esta herramienta de negocio está pensada para ti: Paseos de poder

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La claridad que buscas a la hora de tomar decisiones no es un estado mental, aparece cuando tu cuerpo deja de estar en modo resuelve ya. Si la sigues buscando sentada delante del ordenador no va a llegar. Hoy te cuento por qué y qué puedes hacer para recuperarla. Bienvenida a Negocios que respiran. Soy Ivonne López Balmaña. Este podcast es para ti que terminas el día con 40 correos respondidos, la lista de pendientes tachada y una sensación rara. ¿Estás agotada? ¿Pero no sabes si has avanzado? ¿Tu cuerpo te pide parar? ¿Tu mente te exige más y tu negocio te consume? En este podcast vamos a invertir las reglas porque el orden importa. Primero el cuerpo, luego la claridad, Y solo después la estrategia. Ahí es donde cambia la cuenta de resultados de tu negocio. Respira. Empezamos. Llevamos demasiado tiempo buscando claridad en el mismo sitio donde se nos pierde el ruido. Scroll, audios, cursos, mentores... Como si la respuesta estuviera fuera. Y aquí viene lo incómodo. Muchas veces no lo usamos perfectamente. para avanzar, lo usamos para evitar decidir. La claridad se ha convertido en una palabra elegante para postergar. Buscas sentirte lista y esa sensación no llega porque la claridad no es un requisito, es una consecuencia. La claridad no se fuerza, se crea y solo aparece cuando el cuerpo deja de estar en alerta. ¿Cuántas veces te ha pasado esto? Son las 10 de la mañana, tienes una tarea encima de la mesa, una sola, la más importante del día. Abres el documento, el móvil vibra, lo miras, un segundo, vuelves, de repente te acuerdas de un correo, lo respondo rápido y sigo. Vuelves, te llaman, coges... Y cuando te quieres dar cuenta han pasado dos horas, el cuerpo y la cabeza dispersa en mil sitios a la vez y acabas con esa sensación al final de la mañana de haber estado haciendo cosas sin haber avanzado nada. significa que hay falta de disciplina por supuesto que no simplemente llevas demasiado tiempo sin poder estar en una sola cosa yo lo llamo viviendo a trocitos y desde ahí pedir claridad es como pedir silencio en mitad de una obra con taladros martillos grúas es imposible porque por dentro estás en modo resuelve ya y el problema de estar en un modo resuelve ya es que nunca vas a pensar en grande estás saliendo del paso por eso la claridad no aparece porque en ese estado no diriges un negocio estás reaccionando a lo que pasa y entonces buscamos el atajo las plantillas las fórmulas rápidas porque cuando estás al límite tu cerebro no quiere opciones quiere alivio quiere que alguien piense por ti que le den prácticamente Todo hecho, pero el alivio no dirige un negocio. El problema es que la falta de claridad en una empresaria no se queda en no qué hacer, se convierte en una factura silenciosa que se paga en energía, dinero y paz mental. Porque sin claridad no decides y sin decisiones tu negocio se queda en pausa. Aunque no pares. Trabajar sin dirección agota más tiempo. cualquier agenda. Por eso hoy quiero profundizar contigo en por qué la claridad no llega a base de pensar más y qué cambia cuando dejas de buscarla desde un estado interno de supervivencia. Fíjate ahora mismo dónde está tu respiración. Alta en el pecho, baja en el vientre, tu cuerpo ya te está dando información. Quiero contarte exactamente Algo que cambió la forma en que entiendo mi propio negocio. Durante años creí que mi oficina eran cuatro paredes, una pantalla de Mac y una cuenta de resultados. Creía que las decisiones se tomaban con la cabeza, analizando datos, pensando nuevas estrategias y creando nuevas formaciones y contenido para redes sociales. Hoy te puedo decir que estaba equivocada. Mi verdadera oficina siempre fue mi cuerpo. el problema es que yo la tenía abandonada con las luces fundidas y las alarmas desconectadas porque era una mujer batería al 3% y no me di cuenta que mi estómago se cerraba cada vez que aceptaba un cliente que no me gustaba ni de que un nudo en la garganta empezó a apretar fuerte meses antes de que mi primera empresa quebrara definitivamente la buena noticia es que ahora ya sabes que si tu negocio te drena, te quita vida, es porque has dejado de habitar tu oficina principal, tu cuerpo y es probable que ahora estés pensando, Ivonne, ¿cómo habito algo que nunca nos enseñaron a escuchar? Y esto conecta exactamente con la claridad de la que estamos hablando hoy. La claridad no es un pensamiento brillante que ¡pim! llega de repente. Es una capacidad. Y esa capacidad depende del estado interno desde el que intentas decidir. Habitar la oficina no es un ejercicio mental ni es una cuestión de voluntad. No se trata de recurrir a la disciplina y a la autoexigencia contigo misma. Eso sería de nuevo intentar mandar desde la cabeza. Primero debes darle espacio a tu cuerpo. Necesitas entender que esta oficina tiene su propio idioma. Mientras tu mente te habla en hojas de Excel, estrategias, tu cuerpo habla en pulsos, en cierres, en aperturas. Y esta es la verdad biológica. El software... Tu mente no puede funcionar si el hardware, tu cuerpo, está quemado. Por eso cuando estás al 3% tu cerebro de forma natural entra en supervivencia. Y en ese estado la parte de ti que toma decisiones estratégicas y piensa en positivo se apaga para ahorrar energía. Párate un momento aquí. Olvídate de que falta voluntad. Deja de pensar que no eres suficientemente buena o que tienes que esforzarte más. Es mucho más sencillo. Es algo que, cuando lo escuché, por fin lo entendí todo. Es tu biología que te está protegiendo. La claridad no llega a base de insistir. Llega cuando bajas las revoluciones del sistema nervioso lo suficiente como para volver a ver opciones. Intentar pensar tu salida a un problema desde el agotamiento es literalmente imposible, porque con la biología no se negocia. Y aquí es donde entra el movimiento, porque sentada tu cuerpo sigue en alarma, pero caminando baja el nivel de alarma y cuando baja se acabó la negociación. ¿Decides? A esto yo lo llamo la preocupación. Paradoja de la silla. Creemos que sentarnos más horas delante del ordenador nos va a dar la solución. Cuando la realidad biológica es contraria, la claridad aparece cuando el cuerpo siente que puede moverse sin peligro. Es fisiología pura. Así que dale condiciones de seguridad al cuerpo y la mente dejará de pedir garantías. Primero estado, después claridad. Y entonces decidir se convierte en algo mucho más fácil. ¿Cuándo dices necesito claridad? Quieres saber que la decisión va a salir bien antes de tomarla. Tienes miedo a arriesgar y equivocarte. Y como eso no existe, te quedas en el bucle. Piensas, repasas, pides opinión, buscas en redes sociales. Solo que en el fondo no es la decisión lo que pesa. Lo que pesa es lo que viene con ella. Es decir, poner un límite. tener una conversación incómoda, sostener una etapa de incertidumbre sin correr a rellenarla, tomar una decisión difícil y asumir el coste que pueda tener. Y aquí está el punto de negocio. Esperar a tener garantías de éxito para tomar una decisión tiene un coste muy alto para una empresa. Se paga en energía, enfoco... en oportunidades que se enfrían y en una agenda que se llena de cosas que no eran prioridad. Así que te propongo algo para salir de este bucle en tiempo real. Primera pregunta que te invito a hacerte. ¿Cuál es la decisión que estoy evitando? No una decisión abstracta, una de las de negocio, de las que pesan. Por ejemplo, tener una conversación con un proveedor y poner un límite, subir tarifas, decir que no a un tipo de cliente, cerrar un servicio que ya no te compensa, contratar a alguien, despedir a alguien, pedir un crédito o simplemente parar una línea y elegir otra. No elijas cinco. elige una, la que está ocupando espacio mental aunque no la mires. Y la segunda pregunta que te hago es ¿qué sensación estoy evitando sentir si la tomo? Porque muchas veces lo que frena no es la decisión, es lo que viene con ella, ya que tienes pistas para identificarlo rápido. Miedo a equivocarte, miedo a quedarte sin dinero, Culpa por poner un límite, vergüenza por exponerte, incomodidad por decepcionar o tristeza por cerrar una etapa. Ahora dilo en una frase sencilla. Estoy evitando decidir porque no quiero sentir y ahí pasa algo importante. Cuando nombras la sensación, la decisión deja de ser como un monstruo y vuelve a ser lo que es, una dirección que marca camino. Decidir deja de pesar cuando sabes sostener lo que viene después y eso se entrena entre situaciones muy concretas. La conversación incómoda, esa conversación que llevas evitando semanas porque te incomoda, que se enfaden o incluso que piensen mal de ti y empiezas a tener esa conversación mental sola, en el coche, en la ducha, antes de dormirte, solo que en tu verdadera siempre sales perdiendo o quedando mal y mientras evitas la conversación tu cabeza no descansa otra situación muy común entre emprendedoras es hacer frente a la incertidumbre ese espacio incómodo por el que pasamos todas en el que no tienes nada claro y tu mente intenta rellenarlo con urgencia o directamente se bloquea Más acciones, más mensajes, más control o estoy tan paralizada que no hago nada. Como si moverte más rápido o quedarte congelada fuera a darte seguridad. Y ninguna de las dos funciona porque el problema no es la velocidad, es que tu sistema nervioso busca una seguridad que no encuentra. Entonces te aceleras para calmarte o te paras para no sentir. Y las decisiones difíciles, algo con lo que o hay que lidiar cuando tienes tu propio negocio. Son aquellas que implican renunciar a algo, las que te obligan a decir hasta aquí, o las que te piden elegir una dirección y sostenerla aunque no tengas garantías. Y mientras no tomas una decisión, el coste sube, silenciosamente, cada día. en forma de ruido mental, de energía drenada y de una agenda que se llena de cosas que no mueven la aguja del reloj de tu negocio. Y aquí está lo que no se dice en voz alta. Parecen tres problemas distintos pero con los tres pasa lo mismo en tu cuerpo. Se activa la alarma y buscas la salida más rápida. Atrasas todo lo que puedes enfrentarte a ese problema y te refugias en el bucle de necesito más claridad antes de decidir. Pero los tres te piden lo mismo, sostener lo que incomoda sin salir corriendo. Cuando no puedes sostener la incomodidad buscas claridad para ganar tiempo como quien busca que alguien le diga adelante para no tener que hacer la llamada, para no tener que decir que no, para no tener que elegir. Cuando aprendes a sostener esa incomodidad, ya no te preguntas qué hago, te preguntas qué decido. Y ahora quiero que lo aterrices en tu vida, en este momento, en tu negocio. ¿Cuál de estos tres te está pesando hoy? ¿La conversación incómoda, la incertidumbre o la decisión difícil? Quédate con una. Solo una. Porque lo siguiente que voy a darte funciona cuando eliges una cosa y la miras de frente. Y mirarla de frente no ocurre sentada delante de tu ordenador donde llevas semanas dándole vueltas. Yo lo descubrí cuando mi empresa estaba al límite, tenía llamadas con proveedores negociando pagos, sosteniendo tensión y en cuanto colgaba el cuerpo me pedía una cosa. Salir a la calle y andar. Andar, andar, andar. Sin rumbo. No era paisaje. Era supervivencia. Aunque en ese momento Yo no lo sabía. Mi cuerpo estaba intentando hacer algo que sentada era imposible. Bajar un cortisol disparada y devolverme suelo. Y ahí entendí lo más importante para un negocio. Y es que cuando estás en alerta, decide tu parte reactiva, la parte que negocia, la que sostiene una conversación difícil, la que ve opciones, directamente se apaga. Es biología pura. Caminar cambia el mando de la cabeza al cuerpo, porque ese ritmo, izquierda, derecha, izquierda, derecha, le dice a tu sistema nervioso, estamos en movimiento, estamos a salvo, ya no hay peligro. Y cuando el cuerpo recibe esa señal, vuelve lo que necesitas para dirigir un negocio que crece. Y eso es claridad y criterio. A partir de esa experiencia creé los paseos de poder y esto no es un salgo a caminar y ya, es algo mucho más profundo, muy potente en el mundo de los negocios. Los paseos de poder son una herramienta de presencia, una herramienta de negocio diseñada con una intención clara. Que dejes de negociar desde un cerebro en alerta y con miedo y tomes esa decisión para salir de la pausa en la que estáis tu negocio y tú. Por eso los audios tienen una estructura. Tienen fases, tienen silencios con propósito y preguntas que te llevan del ruido a la dirección. No son un audio para poner de fondo ni mientras haces la compra. Si lo pones de fondo, no funciona. Requiere intención y ahí es donde se convierten en una herramienta de negocio poderosa. Hay tres paseos. Uno para la conversación incómoda, para que vuelvas con la frase clara, el límite puesto y el paso decidido para hacer la realidad al llegar. Un mensaje enviado, una llamada, una cita agendada. Uno para la incertidumbre, para que vuelvas con una prioridad clara para hoy y dos cosas que vas a aparcar para dejar de dar palos de ciego. Y uno para la decisión difícil, para que vuelvas con un o con un no y la primera acción clara para llevar a cabo. Ahora elige el que elegiste hace un momento. Bloquea 20 minutos, sin móvil, sin prisa y sal a andar. Hazlo esta semana porque si llevas una semana con ese tema en la cabeza, un paseo de poder te ahorra otra semana igual. ¿Tienes el enlace con toda la información en las notas del episodio? 20 minutos, una decisión, eso es todo lo que necesita una mujer que se escucha para tener un negocio que respira. Porque un negocio solo crece a base de decisiones y la velocidad con la que tomes tus decisiones va a marcar la velocidad de crecimiento de tu negocio.

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